Desperté de aquel extraño estado y le mirè. Subió lentamente la mirada hasta mis ojos, lamiéndome con ella de abajo a arriba, me dedicó una sonrisa pícara, la cula me dio un enorme vuelco al corazón, me lo hubiera comido a besos de no ser porque nos jugariamos la vida si lo hacia, le devolvi la sonrisa y volvio la vista a la carretera. Me acerqué a su oido y le mordí la oreja, se estremeció. Dejé escapar una sonrisa traviesa y puse la música a toda pastilla. Bajé el asiento hacia atrás de forma que pudiera pasarme a los asientos traseros. Me recosté sobre un montón de cojines con borlones de lana y fundas sedosas, auqello era el cielo. Me sentía como un bebé en su cuna observando formas luminosas en el techo a punto de dormise, pero ¿qué diablos? Yo no tenía ganas de dormir precisamente. Me arrodillé a mirar por el cristal de atrás todo el recorrido. Las playas cristalinas de California quedaban atrás, el cielo estaba limpio y azul repleto de risueñas cometas danzantes. Saqué la cabeza por la ventanilla y grité, grité como nunca. Éramos jóvenes, éramos libres y nos sentíamos como los reyes del mundo.
Tenía todo lo que necesitaba para ser feliz: a él y al mundo en nuestras manos, aquellos fueron otros tiempos. Aquellos fueron los mejores años de mi vida.
Tenía todo lo que necesitaba para ser feliz: a él y al mundo en nuestras manos, aquellos fueron otros tiempos. Aquellos fueron los mejores años de mi vida.





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